
Las micro, pequeñas y medianas empresas (Mipyme) constituyen un pilar esencial para el desarrollo económico y social a nivel global. Representan cerca del 90% del total de empresas, generan alrededor del 70% del empleo mundial y aportan aproximadamente el 50% del Producto Bruto Interno (PBI) (Naciones Unidas, 2023). Estas cifras evidencian su papel estructural en las economías contemporáneas y su capacidad para dinamizar la producción, el empleo y la competitividad.
En los últimos años, los gobiernos y organismos internacionales han reconocido de manera creciente el rol estratégico de las Mipyme como catalizadores del desarrollo económico, la creación de empleo de calidad y la cohesión social (Gade, 2018). Además, estas unidades productivas son actores clave en la adaptación de las economías frente a las grandes transiciones globales como la digitalización, la globalización, los cambios demográficos y la transición hacia modelos productivos sostenibles (OCDE, 2022). Su contribución no solo es económica, sino también social, al promover el trabajo decente y la justicia social (OIT, 2025).
En América Latina, las Mipyme representan el 98% del tejido empresarial y generan el 61% del empleo. Sin embargo, su aporte al producto regional aún es limitado, alcanzando el 29% del PBI (Souza & Abreu, 2024). Este desbalance entre su alta participación en el empleo y su baja contribución al valor agregado revela brechas estructurales persistentes, vinculadas principalmente a la baja productividad, el limitado acceso al financiamiento, la informalidad y la escasa innovación tecnológica.
En el caso peruano, las Mipyme constituyen el 99,3% del ecosistema empresarial, generan el 89,1% del empleo privado formal y aportan aproximadamente el 13,6% de las rentas empresariales nacionales, así como el 6% del valor exportado. Estas cifras confirman su papel protagónico dentro de la estructura productiva del país, aunque también reflejan restricciones de competitividad y productividad que limitan su potencial para consolidarse como un verdadero motor del desarrollo sostenible y la inclusión social.
De acuerdo con el Informe Mundial sobre el Desarrollo Sostenible (GSDR, 2024), muchas Mipyme, especialmente en los países en desarrollo, no se han recuperado plenamente de los efectos económicos derivados de la pandemia del COVID-19. En Perú, el número total de Mipyme alcanzó 2,3 millones en 2024, lo que representa una tendencia positiva en los últimos cinco años, aunque ligeramente inferior en 1,9% respecto a 2019 (prepandemia).
De este total, el 94,4% son microempresas, el 5,3% pequeñas y el 0,2% medianas, lo que significa que nueve de cada diez Mipyme son microempresas, principalmente dedicadas al comercio y los servicios (más del 85%). Asimismo, se observa un creciente liderazgo femenino, con el 44,2% de las Mipyme dirigidas por mujeres. A pesar de su importancia económica y social, las Mipyme peruanas continúan enfrentando desafíos estructurales vinculados a la baja productividad, la precariedad laboral y la alta informalidad. Estos factores afectan con mayor intensidad a mujeres, jóvenes y emprendedores que operan en la economía informal, quienes enfrentan limitaciones adicionales para acceder a empleo de calidad y financiamiento (OIT, 2025).
En 2024, las Mipyme emplearon a 10,5 millones de trabajadores, de los cuales el 80,5% se desempeñó en condiciones de informalidad laboral, sin acceso a beneficios como vacaciones, CTS o gratificaciones. Asimismo, solo 4 de cada 10 trabajadores en este segmento fueron mujeres, lo que evidencia una brecha significativa en la participación laboral femenina dentro del ecosistema empresarial Mipyme.
El acceso al financiamiento continúa siendo uno de los principales obstáculos para el crecimiento de las Mipyme en América Latina y el Caribe (BID, 2020). En Perú, a diciembre de 2024, solo el 27,4% de las Mipyme accedieron al crédito formal, por un monto total de S/ 72 503 millones, cifra inferior en 13,6% respecto a 2023. Los sectores comercio y servicios concentraron el 80,5% del financiamiento total, mientras que Lima absorbió más de la mitad de los créditos otorgados al segmento.
En el ámbito comercial, las Mipyme cumplen un rol cada vez más relevante en la diversificación y expansión del comercio exterior peruano. En 2024, sus exportaciones totalizaron en US$ 4 472 millones, lo que representa un crecimiento del 6% respecto al año anterior. Este desempeño se sustentó en el aumento de los envíos tanto de productos tradicionales, que alcanzaron US$ 2 783 millones (principalmente oro en bruto y café), como de productos no tradicionales, que sumaron US$ 1 688 millones, destacando las exportaciones de paltas, mangos y jengibre con destino a India, Emiratos Árabes Unidos y Estados Unidos.
Finalmente, aunque las Mipyme conforman el universo más amplio de contribuyentes en el país, su aporte tributario sigue siendo reducido. En 2024, su contribución al impuesto a la renta empresarial ascendió a S/ 4 323 millones, equivalente al 13,6% del total recaudado por este concepto, lo que refuerza la importancia de fortalecer su formalización, productividad y acceso a mercados como pilares para un crecimiento sostenible e inclusivo.
